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sábado, enero 30, 2010


Si Cuba no viene, perdemos todos

Perfil de AutorPor Elliott Castro Tirado
La discusión sobre la participación o no de Cuba en los Juegos Centroamericanos de Mayagüez 2010 presenta en toda su crudeza la situación colonial que sufre nuestro pueblo y a la vez destapa la única área de debilidad de nuestra soberanía deportiva.

Es que el gobierno de Estados Unidos mantiene el poder para decidir quién entra a la Isla y eso incluye el deporte. Por eso, cuando Puerto Rico es sede de un evento deportivo internacional, los participantes necesitan el aval del gobierno estadounidense para poder entrar a la Isla.

El Presidente de nuestro Comité Olímpico, los directivos del Comité Organizador de los Juegos y el Alcalde de Mayagüez han desarrollado una agresiva y vigorosa campaña para lograr la participación de Cuba en los Juegos y eso ha sido reconocido y alabado por los dirigentes deportivos de la mayor de las Antillas.
El problema se origina en la política de hostigamiento sostenida por los diferentes gobiernos estadounidenses contra el pueblo cubano desde el triunfo de su Revolución en 1959, simplemente por sostener una ideología contraria a la suya.
No podemos olvidar que en todo este tiempo Estados Unidos ha intentado, por todos los medios posibles, derrocar el gobierno cubano. Por eso ha desarrollado una política de aislamiento a todos los niveles, incluyendo el deportivo, ha mantenido por décadas un bloqueo criminal y ha llegado al extremo de intentar asesinar muchas veces a dirigentes cubanos. Además, ha promovido acciones militares y ha protegido a fanáticos que han realizado actos terroristas, incluyendo explotar en pleno vuelo un avión que transportaba deportistas cubanos.
Con ese resumé a cuestas, son más que comprensibles las exigencias de garantías de todo tipo planteadas por las autoridades cubanas, como condición para asistir a Mayagüez.

SIN CUBA LOS JUEGOS VALEN MENOS
La presencia de Cuba en los Juegos es importantísima, pero no es indispensable. O sea, que los Juegos de Mayagüez se van a dar, con o sin los cubanos. En el 2002, por justificadas razones de seguridad, Cuba no asistió a El Salvador y los Juegos se celebraron.

En términos exclusivamente deportivos, la ausencia de los cubanos afectaría el brillo de cualquier competencia centroamericana, pues nadie pone en duda que ellos son la primerísima potencia de la región. Esto, aunque se ha ido cerrando la brecha ante la mejoría considerable de algunos países, ayudados en buena medida por la solidaridad precisamente de técnicos cubanos.

La gran diferencia es que cuando Cuba compromete su participación en un evento, garantiza la presencia de sus mejores atletas, incluyendo aquellos de calidad mundial. Por el contrario, aunque es jamaiquino, nadie siquiera sueña con ver en Mayagüez al Hombre Más Veloz del Planeta, Usain Bolt. Lo mismo sucede con otros atletas mundialistas, principalmente de las islas caribeñas de habla inglesa y uno que otro centroamericano.

En términos estrictamente egoístas y “medallistas”, si Cuba no viene, sería “mejor” para nuestra delegación, pues obtendríamos mayor cantidad de medallas. Además, por nuestra condición de país sede, deberíamos recoger un pedazo mayor del bizcocho disponible.

Sin embargo, los Juegos perderían brillo y valor. Independientemente de la mejoría de atletas venezolanos, colombianos y mexicanos y de la rivalidad natural entre dominicanos y boricuas, el mayor activo promocional de un evento de este tipo es la presencia de los cubanos. Es que repito, no se trata de una delegación más. Su mera presencia sería el atractivo mayor de los Juegos y además aumentaría el valor comercial del evento.

LAS EXIGENCIAS DE CUBA
Si uno lee con detenimiento los planteamientos públicos hechos por José Ramón Fernández, presidente del Comité Olímpico de Cuba y vicepresidente del Consejo de Ministros de ese país, se pueden precisar las exigencias específicas pendientes.

Las más importantes son:
Visado a toda la delegación, sin excepción. El problema estriba en que Estados Unidos ha manejado solicitudes anteriores de visado de cubanos forma inconsistente y contraria a las de otros países, otorgando unas y rechazando otras.
Autorización para aterrizaje de sus aviones en suelo boricua. Eso ni siquiera se cuestiona con otros países.

Seguridad de que no confiscarán los aviones charters utilizados. El problema estriba en que hay empresas e individuos cubanos exiliados que han logrado sentencias de tribunales estadounidenses que les autorizan a embargar propiedades del estado cubano, alegando indemnización por la nacionalización de propiedades suyas en Cuba. Resulta interesante la utilización por Fernández de la palabra “charters” para describir los aviones que traerán a su delegación y NO a los aparatos de Cubana de Aviación.

Las restantes son exigencias mínimas de seguridad “evitando presiones y provocaciones continuas montadas durante la transportación de un lugar a otro, en los escenarios de alojamiento, entrenamiento o competencia y los medios de comunicación masiva”.

EL TEMA DE LAS DESERCIONES
En su comunicación, Fernández obviamente no toca el sensitivo tema de posibles deserciones. Ya nadie pone en duda que los atletas cubanos que abandonan sus delegaciones lo hacen por cuestiones económicas. Se trata simplemente de desertores económicos y no de desertores políticos, como intentan hacer ver algunos sectores de la prensa del país.

En esa área, también Estados Unidos trata a Cuba de manera diferente. Simplemente imagínense cuántos atletas y deportistas de otros países de la región se quedarían en Puerto Rico si automáticamente les garantizaran un estatus de legalidad. Sin duda, sus delegaciones se vaciarían.

Eso es lo que se le ofrece a cualquier ciudadano cubano que pida asilo en territorio estadounidense, incluyendo a Puerto Rico. Por el contrario, el atleta de cualquier otro país que abandone su delegación y pretenda quedarse en Puerto Rico, será arrestado y deportado de inmediato.

LA POSICIóN DEL INDEPENDENTISMO
Históricamente, el independentismo puertorriqueño ha sido solidario con Cuba y esta vez no debe ser la excepción. Aunque no hubiera otra razón, estamos obligados a serlo por agradecimiento a las incontables muestras históricas de apoyo del pueblo cubano a nuestra nacionalidad, en especial desde el triunfo de su Revolución en 1959.
En los Centroamericanos de 1966, en medio de la enorme hostilidad promovida por el odio de un exilio reciente, el independentismo puertorriqueño ayudó a los cubanos a llegar a nuestro suelo y luego le sirvió de escudo ante los intentos de agresión de todo tipo.
Lo mismo hicimos en los Panamericanos del ‘79 y los Centroamericanos de Ponce ‘93, así como en prácticamente todos los eventos deportivos internacionales celebrados en la Isla en las últimas décadas.
Si Cuba decide venir a los Juegos de Mayaguez… y ojalá sea así, una vez más, el independentismo puertorriqueño estará en primera fila para proteger a su delegación y ayudar a que se sientan cómodos en “la otra ala del pájaro”.



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