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sábado, febrero 13, 2010

8 AÑOS DE BLOQUEO ¿O EMBARGO?

por Arnaldo Hernández García

El 11 de septiembre del año pasado, precisamente en la fecha que
recuerda el terror desde el golpe militar fascista contra el
presidente Allende en Chile hasta el crimen contra las Torres Gemelas
en New York, el presidente Barack Obama le notificó al Congreso, como
lo establece la “Ley de Poderes Económicos de Emergencia”, que seguía
siendo de “interés nacional para EEUU” ratificar el empleo de la “Ley
de Comercio con el Enemigo” contra Cuba. Por supuesto que se aprobó de
inmediato y se comunicó a la opinión pública 3 días después. Hoy Cuba
es el único país del mundo contra el cual se utiliza esa ley.

Se aplicó una medida concebida para ser utilizada contra países con
los cuales EEUU está en guerra, pero ni entonces ni ahora hubo una
declaración de guerra de EEUU contra Cuba, ni siquiera una guerra no
declarada en el sentido militar. Paradójicamente, esa acción de guerra
fue denominada “embargo”.

El autor de estos comentarios era un adolescente de 13 años de edad
que regresaba de la campaña de alfabetización y no tenía ropa que
ponerse salvo los uniformes. Recuerdo la angustia de mi madre en esos
días, caminando conmigo por las desabastecidas tiendas de La Habana.

Realmente las agresiones económicas habían comenzado mucho antes: a
pocos días del triunfo de la Revolución el gobierno de los EEUU se
negó a devolverle a Cuba los 424 millones de dólares robados al tesoro
de la República por Batista y su camarilla, que se llevaron en su
huida en la madrugada del primero de enero de 1959. No devolvieron un centavo.

EEUU era el proveedor del 80% de las importaciones cubanas y recibía
el 60% de las exportaciones. La población tenía plena conciencia de
que cualquier medida en este sentido podía ser desastrosa, sobre todo
si era adoptada repentinamente.

Se trataba del principal mercado del azúcar cubana, de manera que la
drástica reducción de las compras que fue escalando hasta que la
suspendieron por completo en marzo de 1961, constituyó un golpe
brutal. Igual pasó cuando suspendieron la venta de petróleo y las
refinerías de los consorcios norteamericanos en Cuba decidieron no
refinar combustible soviético.

Los fondos cubanos depositados en bancos norteamericanos fueron embargados.

En septiembre de 1960 paralizaron las operaciones de la planta de
procesamiento de níquel en Nicaro y comenzaron las presiones para
impedir el turismo de ciudadanos norteamericanos en Cuba, que entonces
eran los principales clientes en esa rama. En ese mismo mes ordenaron
suprimir los créditos concedidos por la banca privada norteamericana.

En octubre prohibieron las exportaciones norteamericanas a Cuba y
comenzaron a presionar a sus aliados de Europa y Canadá para que se
sumaran a su agresiva política.

No sólo prohibieron la importación de productos cubanos, sino también
de productos de otros países que tuvieran componentes cubanos, así
como la venta a Cuba de equipos y mercancías producidos en el
extranjero que tuvieran componentes norteamericanos, el comercio con
Cuba de filiales de empresas norteamericanas establecidas en terceros
países y el acceso a puertos norteamericanos de buques que hubiesen
entrado a puertos cubanos.

Se realizaron numerosas acciones terroristas contra objetivos
económicos de todo tipo, incluyendo cines y grandes tiendas por
departamentos en horas de mucha afluencia de público, como “El
Encanto”. Entre octubre de 1959 y abril de 1961, víspera de Playa
Girón, se efectuaron más de 50 bombardeos aéreos de la CIA contra
industrias y campos de caña, incluyendo el ataque de una lancha pirata
contra la refinería de Santiago de Cuba.

La audacia y la visión de los dirigentes cubanos, junto a la
solidaridad de la URSS y el resto del Campo Socialista, hicieron
posible el funcionamiento de la economía nacional y sustituir todo lo
que tradicionalmente venía de EEUU por tecnologías distintas, equipos
distintos, materias primas distintas y mercancías de amplio consumo.
No siempre fueron las mejores o las que específicamente más nos
convenían o interesaban, pero eran las que podíamos adquirir.

Sobre la marcha y muchas veces en condiciones muy dramáticas hubo que
realizar ajustes y cambios en los procesos productivos y entrenar a
los trabajadores en la nueva técnica.

En esas condiciones el país emprendió la construcción de su socialismo
y se alcanzaron logros extraordinarios. Se acabaron el hambre, la
miseria y la incultura, se construyó un sistema de salud que cubría a
toda la población; se mecanizó y se humanizó la agricultura; se
multiplicaron las universidades, los profesionales y los especialistas
que sustituyeron a los que en los primeros años se fueron del país
tentados por las ofertas del imperialismo. Cuba se llenó de fábricas y
talleres y se introdujeron nuevos renglones en la economía a partir
del desarrollo científico en la biología y la informatización.

Eso fue en los 80, cuando se restableció e inició un mercado de
mercancías de amplio consumo que mejoró notablemente los niveles de
vida y acrecentó la expectativa de un futuro mucho más agradable.

No obstante la bonanza, la madurez alcanzada permitió percibir que no
todo estaba bien y se inició un profundo proceso de rectificación de
errores y tendencias negativas, cuyo primer paso era revisar
críticamente lo que hacíamos e identificar con precisión los problemas
a resolver.

Se produjo entonces la disolución del llamado campo socialista y el
derrumbe de la Unión Soviética. No es ocioso repetir una vez más que
fue un golpe demoledor. El país quedó a merced del bloqueo,
intensificado por el odio oportunista de los enemigos de siempre y la
traición. Cuba estaba bajo un doble bloqueo, que en muy poco tiempo se
complicó todavía más por la agresiva “Ley Torricelli”.

Casualmente por esa época comenzaron a desclasificarse documentos
oficiales del gobierno de los EEUU sobre sus planes contra Cuba 30
años atrás, que el Dr. Andrés Zaldívar Diéguez, un estudioso del
conflicto de EEUU contra Cuba, los recoge en detallado inventario en
su obra “Bloqueo: el asedio económico más prolongado de la historia”.

Por ejemplo, el 17 de marzo de 1960 el Consejo Nacional de Seguridad
aprobó un “Programa de Presiones Económicas contra el Régimen de
Castro” que formaba parte del plan de acciones terroristas encubiertas
que debía preparar condiciones propicias para ejecutar lo que después
fue la agresión por Playa Girón.

Apenas 15 días después, el 6 de abril, un año antes de la invasión
mercenaria, el Subsecretario del Departamento de Estado para Asuntos
Interamericanos, Lester Dewit Mallory, afirmó en un memorando que “…el
único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno
a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basados en
la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse
prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida
económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba para disminuir
los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre,
desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Dos meses y medio después, el 27 de junio, en una reunión de los
Secretarios de Estado, Tesoro y Defensa, jefes de la CIA y altos
funcionarios de la Casa Blanca y del Dpto. de Agricultura, se decidió
incrementar todavía más la guerra económica contra Cuba.

El 19 de octubre el Subsecretario Mallory insistió en afirmar que
medidas como las descritas “…contribuirán al creciente descontento y
malestar en la Isla… apoyarán a los grupos de oposición que ahora
están activos en Cuba”.

En mayo de 1961, un mes después de la humillante derrota que sufrieron
en Girón, un asesor especial del Presidente Kennedy recomendaba que
“las posibles sanciones económicas contra Cuba deben ser
cuidadosamente revisadas, no está claro cual puede ser su efecto, o si
deben ser aplicadas bajo la ‘Ley de Comercio con el Enemigo’, la ‘Ley
Battle’ o un embargo directo”. Ocho meses después, al parecer
concluida la “revisión”, Kennedy decidió invocar la “Ley de Comercio
con el Enemigo” y calificarla de “embargo”, afectando el significado
de la palabra y del término legal.

En agosto de ese año, el grupo de tarea sobre Cuba dirigido por
Richard Goodwin encargado de ejecutar la “Operación Mangosta” definió
que “las acciones encubiertas deberán ser dirigidas contra la
destrucción de importantes objetivos de la economía tales como
refinerías e industrias con equipamiento de Estados Unidos… y sugerir
objetivos cuya destrucción implique el máximo impacto económico…
Debemos intensificar nuestra vigilancia del comercio cubano con otros
países y especialmente con las subsidiarias norteamericanos en
terceros países para emplear métodos informales… privando a Cuba de
mercados y fuentes de abastecimientos…”.

De las 32 tareas de la “Operación Mangosta”, reconocida por el propio
gobierno de los EEUU como un vasto plan terrorista para derribar a la
Revolución Cubana después de la derrota en Playa Girón, 15 de ellas,
de la 11 a la 24 y la 30, ordenan acciones contra la economía. De las
5780 acciones terroristas registradas durante los 14 meses en que se
estuvo ejecutando la ofensiva de terror, 716 fueron contra objetivos
económicos.

Había que impedir que la economía cubana funcionara y lo que no se
lograra con la guerra económica, debía resolverse con el terrorismo,
que hipócritamente denominaban “acciones encubiertas” o
“paramilitares” o “métodos informales”. Es el mismo cinismo que
encierra el concepto de “daños colaterales”, o “bajas por fuego amigo”
cuando se refieren al millón de civiles inocentes muertos por la
aviación y los soldados norteamericanos en Iraq.

Es lo mismo que calificar como “embargo” al bloqueo y la guerra
económica, comercial y financiera que ejecuta el gobierno de los EEUU
contra Cuba desde hace 48 años.

Los sucesores del señor Mallory de fines del siglo XX y principios del
XXI trabajan igual que él y creen, como él, que los efectos del
bloqueo son los adecuados para alcanzar sus objetivos. Quizá piensan
que con el efecto acumulativo del tiempo se acerca la fecha en que
alcanzarán sus objetivos. Cuando la historia se repite, una vez es
tragedia y otra es comedia. Entonces fueron derrotados, ahora hacen el
ridículo.

Ya no es noticia que a lo largo de 48 años el bloqueo haya fracasado y
haya sido abrumadoramente condenado por 18 años consecutivos en la
Asamblea General de la ONU. Tampoco es noticia decir que la mayoría
del pueblo norteamericano lo rechaza y es castigado con la prohibición
de viajar a Cuba supuestamente para “no ayudar a Fidel Castro”, el
mismo pretexto que utilizan para ocultar el odio con que castigan a
todo el pueblo cubano por resistir con éxito a sus planes de dominación.

Una pregunta periodística importante es saber por qué EEUU sigue
aferrado al bloqueo si tantos políticos, empresarios, “tanques
pensantes”, medios de prensa del “stablishment” y el actual presidente
en su campaña electoral han planteado que debe ser cambiado. No es el
Congreso el que impide el cambio, ese es el cuento para encubrir el
odio obsesivo que sienten contra Cuba y que el poder de la extrema
derecha sigue siendo el que manda. Esas realidades y sentimientos que
revelan la naturaleza del sistema imperialista son tan repudiables,
que la hipocresía, la complicidad y el miedo imperantes no permiten
que se les diga.

Periodísticamente hablando, el recuento vale como noticia porque los
consorcios mediáticos que dominan la difusión masiva en el planeta
evaden referirse a estos hechos que revelan cuán agresiva,
injerencista, mentirosa y criminal por sus efectos humanos ha sido la
política del gobierno de los EEUU contra Cuba y las responsabilidades
de los 11 últimos presidente norteamericanos que la han sostenido.

La noticia más importante es que Cuba resistió exitosamente, que el
socialismo concebido por los cubanos -no obstante sus problemas de
administración más allá del bloqueo-, ha soportado por sí mismo la más
brutal y prolongada guerra económica recogida en la historia de la
humanidad en las condiciones de un país pequeño, de muy limitados
recursos naturales y alta densidad de población, sin muertos de hambre
ni pandemias desoladoras, sin cerrar escuelas ni centros de salud, sin
mendigos en las calles.

En un lapso de 30 años Cuba ha perdido en dos oportunidades de manera
repentina y dramática sus proveedores de equipos y tecnologías,
créditos y mercancías de amplio consumo y de todo tipo, así como de
los mercados para colocar sus productos. Eso hace más grande la proeza
de los cubanos y de sus dirigentes.

Países mucho más grandes en extensión y recursos, algunos con
antecedentes de haber sido potencias coloniales durante siglos, con un
desarrollo industrial y agrícola muy alto, no podrían soportar un
bloqueo como este durante 48 días. Algunos no hubieran durado 48
minutos. Otros ni siquiera se les ocurriría pensarlo 48 segundos.

Pero Cuba demostró que aún en condiciones tan adversas, el socialismo
puede resistir exitosamente el embate del imperio y es una opción
viable y sustentable frente al capitalismo. Por eso no es exagerado
pensar que Cuba es el mayor desafío ideológico que enfrentan EEUU y
sus aliados.

Fuente: La Polilla Cubana

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